lunes, 21 de agosto de 2017

Ruanda: el "arma blanca" como forma de aterrorizar a la población

MLFA
Instructor de Tiro Deportivo y Policial

Petrenko segundos antes de ser degollado por un terrorista de ISIS. Sobrecoge su serenidad. Vídeo en Internet.

En la década de los ‘90’ se produjo en Ruanda el genocidio de los ‘tutsis’ por parte de los ‘hutus’, ocurrió exactamente dos años después de las Olimpiadas de Barcelona y la Feria de Sevilla, que habían tenido lugar en 1992. En tres meses fueron asesinados 800.000 tutsis, la mayoría de ellos a ‘machetazos’. Los machetes se fabricaron en China y llegaron a Ruanda en cantidades industriales. Se utilizaron machetes, a pesar de que disponían de armas de fuego, para aterrorizar a la población. Entonces, como ocurre actualmente con los musulmanes, no todos los ruandeses hutus eran terroristas genocidas, sólo participaron en la masacre los pertenecientes a la Falange Hutu. ISIS y Al Qaeda son una minoría, pero que ha conseguido aterrorizar a Europa. Lo de que no tenemos miedo suena bien, pero no deja de ser un brindis al sol y marketing que conviene a los políticos pusilánimes, especie que abunda en nuestro país.

Hoy, en Europa, jóvenes asesinos, como en 1994 en Ruanda y posteriormente en Burundi, utilizan armas blancas por la misma razón. Se nos trata de convencer de que lo hacen por resultar más asequibles que las armas de fuego; es una razón, pero no la más importante, ya que las ejecuciones públicas (y televisadas a todo el mundo) perpetradas por los asesinos del DAESH se llevan a cabo por degollamiento, nunca por disparos, a pesar de disponer de ingentes cantidades de armas de fuego en sus bases de Irak y Siria.

Resulta conveniente instruir a los agentes de policía en el uso de armas de fuego; el agente que abatió en Cambrils a cuatro terroristas (él solo) procedía de la Legión. El quinto terrorista tardó mucho en ser abatido por varios ‘mossos’ por falta de acierto en los disparos, y ello a pesar de que llevaba adosado un cinturón que podía estar cargado de explosivos, lo cual hacía preciso liquidar al salvaje asesino (que acababa de degollar a una mujer) al primer disparo.
 
Cualquier ciudadano español sabe, siquiera sea a través del cine, que se tardó demasiado en abatir al quinto terrorista de Cambrils; si el cinturón de explosivos hubiera sido real, la masacre originada por la explosión habría sido espantosa. Tuvo tiempo de sobra para detonarlo; de hecho, herido de bala en zona no vital, cayó al suelo y volvió a levantarse y se abalanzó de nuevo sobre los agentes hasta ser abatido con más disparos.

En Ruanda (1994) 800.000 tutsis fueron asesinados a machetazos y muchos países se pusieron de perfil.

Por lo que hace referencia a la Guardia Civil, tan preparada en otras actividades policiales, recordar que la práctica de tiro es prácticamente inexistente; su cupo de cartuchos es mínimo. Desconozco la instrucción de fuego real en el Cuerpo Nacional de Policía. También es escasa entre los agentes de Policía Local. Y respecto de los ‘mossos’, algunos de ellos alumnos míos en Cataluña, me queda el sorprendente y vívido recuerdo de que, muchos de ellos, rechazaban portar armas de fuego; lo hacían porque no les quedaba más remedio.

Conviene ser más humildes y tomarnos en serio la formación de nuestros policías en el uso de armas de fuego

PS – Un joven yihadista (otro bestia hutu) armado de un puñal o machete de caza alcanzará y mutilará o matará al policía si no es abatido al primer disparo en zona vital. Lo que vimos en el vídeo del quinto terrorista de Cambrils no debe volver a repetirse, y deben tomar como ejemplo la actuación precisa y eficaz del ‘mosso-legionario’, mucho más preparado en técnicas de defensa y combate, ante la posibilidad de que el terrorista portara explosivos y detonadores.