domingo, 4 de agosto de 2019

MLFA tiene antecedentes penales en Alejandría - Egipto 1973 (1/2)

MLFA-CMM 
Puerto y faro de Alejandría (Egipto); la ciudad fue incendiada y saqueada.

Este artículo tableta-piscina no ha sido corregido ni presenta cláusulas de estilo, ¡entretiene! 

Corría el mes de septiembre de 1973; nos dirigíamos desde Rotterdam hacia Alejandría con un cargamento de 12.000 toneladas de patatas holandesas; ocupaba el cargo de 2do. Oficial a bordo del buque “Virgilia”, de pabellón liberiano. Estaba ciertamente ‘mosqueado’; según mis informaciones Egipto era uno de los principales productores del mundo de ese tubérculo, y hacia ese país nos dirigíamos con 12 millones de kilos de patatas de excelente calidad (el cocinero robó varios sacos de la bodega, algo muy habitual en la Marina Mercante (lo de robar carga de las bodegas). Mi preocupación era mayor porque – según el oficial radiotelegrafista – se escuchaban tambores de guerra en la frontera de Egipto e Israel, a punto, además, de comenzar la fiesta judía del Yom Kippur y el Ramadán de los árabes, que coincidían aquel año. Iba directo a un Egipto en guerra; servidor de ustedes, nieto de judíos vascofranceses, con dos ‘visas’ de entrada en Israel: Tel Aviv y Haifa, en mi pasaporte español. Respecto de las patatas ¡pásmense! nuestras patatas se ‘enterrarían’ y servirían de ‘semilla’ para la producción patatera egipcia. ¡Las mejores patatas de Holanda! 

El pabellón liberiano era conocido como bandera ‘pirata’, íbamos adonde queríamos 

El salario en dólares, que nos ingresaban en España, (convertido ya a pesetas, menudo cabrón el de Hacienda), multiplicaba por diez o más los míseros emolumentos que se percibían en la Marina Mercante franquista; en los buques españoles se vivía – prácticamente – del contrabando; los más beneficiados eran los propios armadores, no todos, claro está; con el visto bueno de una parte de las autoridades marítimas (Armada española y Carabineros del Resguardo); después de los ‘amos’, acudían al reparto los mandos de los buques, y, por último, el resto de tripulantes. 

Muchos tripulantes – esto es absolutamente cierto – no acudían a cobrar la nómina mensual (el pago se realizaba a bordo). En zona de guerra – como era el caso en Liberia – percibíamos un plus a bordo, en dólares USA, que no pasaban por el banco español. Siendo oficial en prácticas en la Naviera Aznar (de Eduardo Aznar, íntimo amigo del Caudillo y expoliador de su socio Sota); un marinero, a quien recriminé que no había venido a cobrar la nómina, me respondió: ¡Para la virgen del Carmen! Otrosí; si no hacías contrabando no interesabas al resto de la tripulación, tampoco a los inspectores de la compañía. Los verdaderos 'piratas' eran los armadores españoles, vascos de orígen.

El telegrafista (72 años) tenía razón; había comenzado la guerra del Yom Kippur 

Batalla de Actium (año 39 a de C); Egipto pasó a manos del imperio romano (Emperador Augusto)

No les comento pormenores militares (no soy historiador); los lectores de cierta edad recuerdan aquella guerra relámpago, me limitaré a contarles como la vivimos nosotros, servidor de forma especial. Entramos en Alejandría horas antes de que sellaran la bocana del puerto con redes metálicas para impedir el acceso de patrulleras judías con submarinistas a bordo. 

Lo primero que llamó mi atención fue la cantidad de buques cargueros rusos de gran tonelaje que descargaban material de guerra: cañones, embarcaciones menores artilladas, tanques y vehículos anfibios. Algún lector descubrirá por primera vez en décadas que los egipcios no tenían tanques; todo el material de guerra era ruso y los soviéticos (que los manejaban) fueron eliminados, junto con sus carros, por los sionistas en tan solo 17 días. 


Nos dirigíamos al atraque que nos habían designado; entre dos grandes colosos rusos que procedían a la descarga de los tanques; nuestras patatas quedarían a merced de los ‘tovarich’, éstos se llevaron cientos de sacos de 40 kilos; fueron los egipcios quienes les permitieron subir a bordo. Pero volvamos a la maniobra de atraque entre aquellos dos buques de color grisáceo; el práctico egipcio, enjuto y de baja estatura, equivocó la maniobra (de por sí harto complicada) y embistió la popa del barco ruso con cierta violencia; el ‘Virgilia’ (construido en astilleros daneses) tenía la proa reforzada para navegar entre hielos y abrió la trasera del ruso como un melón caído de un remolque. 

Nunca supimos más del pequeño ‘práctico’ egipcio, quedamos ‘retenidos’ en el amarre 

El capitán alemán – un nazi de mucho cuidado – fue trasladado a dependencias policiales del puerto; allí permaneció tres días, nos devolvieron al ‘viejo’ porque la empresa armadora del ‘Virgilia’ había expedido garantías para el pago de la reparación costosa del buque ruso; vamos que se habían puesto de acuerdo con los del seguro del Lloyds londinense. 

Con Hausen Bunker venían los de Inmigración; permanecíamos retenidos a bordo (3 días) 

Tanques rusos destruídos por el ejército judío.

Al comprobar mi pasaporte; los de Sanidad Exterior habían estado el primer día comprobando (sólo) las vacunaciones; los de la 'migra' se fijaron en mis ‘visas’ de entrada en Israel y me retuvieron en el despacho del capitán; de allí me llevaron (con unas pocas pertenencias y dinero en dólares) al hotel ‘Al Mansour Dahbi’, una especie de cuartel en la costa, junto a las ruinas del antiguo faro de Alejandría. El trato fue correcto, había nervios y excitación en todas partes; no me devolvieron el pasaporte, tampoco me interrogaron y disponía de una habitación desvencijada (por abandono de años) y un cuarto de baño espacioso, más sucio que el palo de un gallinero. Cinco años después trabajé como 1er. Oficial en el buque 'Al Mansour Dahbi', propiedad del sultán de Marruecos, bajo pabellón de Emiratos Árabes, casualidades de la vida en la mar.


Al tercer día me hicieron fotos (como las que se hacen a los detenidos) y me devolvieron la bolsa; no faltaba nada, ni un solo dólar de los 200 $ que saqué de a bordo, una fortuna, a decir verdad, aquello me emocionó y regalé 10 dólares al primer soldado que encontré por los pasillos; mi régimen era de libertad dentro del vasto recinto, con prohibición de salir del vallado que lo rodeaba; comía y cenaba con los soldados, eran comistrajos de arroz con patatas (mis patatas) y puré de zanahoria con pan negro, algunos días hacían cus-cus, aquello me parecía un lujo asiático. 

Al cabo de una semana recibí la primera visita; era el viejo telegrafista acompañado de un marinero gallego de Arousa, que cargaba una pesada cesta de comida. Conmigo había otros detenidos, de diferentes países, cuyos consulados no podían ocuparse de ellos debido a la gravedad de la crisis que auguraba el enfrentamiento bélico entre Egipto e Israel; no acudí al cónsul español porque no me merecía ninguna confianza; España se decantaba por los postulados egipcios y el régimen español era (claramente) 'antisionista'. Repartí la comida con ellos y con uno de los jefes militares, era un individuo culto y amable, procuró hacerme la estancia en su hotel lo más cómoda posible. 
 
Sinagoga judía - en hebreo Beit Hakneset - casa de reunión.

La segunda semana disponía de seis horas al día, fuera del hotel-cuartel, acompañado siempre de un soldado egipcio, al que daba generosas propinas; su misión era doble: evitar que me escapara y protegerme de los exaltados. A mitad de semana conseguí permiso para visitar a mis compañeros del ‘Virgilia’; por ellos me enteré del infierno que sufrían cada noche. 

Bombas anti-submarinistas explotando toda la noche junto a los barcos surtos en puerto 

Eran unas bombas anti-persona – en este caso anti-submarinistas judíos – que se detonaban junto a los cascos de los buques para ‘destrozar’ presuntos atacantes intrusos del ejército de Israel, que, a su vez, trataban de hundir barcos rusos en puerto. Las bombas (pequeñas minas) no dañaban el casco, que reverbera y transmite el estampido al interior del buque, los tripulantes no pegan ojo durante la noche; al final encontraron una solución. Regalar cartones de tabaco rubio (cajas de 50 cartones) a los jefes de las patrulleras ‘lanza-minas’, con ello conseguían que detonaran sus bombas más lejos del casco del ‘Virgilia’. Al final; todos los mercantes – menos los rusos – hicieron lo mismo, ‘comprar’ a los egipcios de las patrulleras (y a sus jefes, claro). El miedo de los egipcios estaba justificado; a menudo los israelíes ‘perforaban’ las redes que impedían el acceso a la bocana del puerto de Alejandría y por allí se colaban. Llegaron a hundir dos barcos mercantes cargados de mercancías.

¡Antonio Barcelona vende más barato! ¡La solución!

Mañana o pasado comprobarán que no 'enterramos' las patatas holandesas, sino a los soldados egipcios que se las habían comido. La guerra de Octubre (como se la llamó) significó un punto de inflexión en la zona más caliente de Oriente próximo.