martes, 13 de diciembre de 2016

“El problema Español” don Manuel Azaña hace ahora un siglo (2/7)

Luz de Gas
Manuel Azaña. (Fotografía 'El Confidencial Digital')

Conferencia de Manuel Azaña en Alcalá de Henares en Febrero de 1911

Este espectáculo, ya secular, de un pueblo inerme, que fluctúa entre deseos que no sabe expresar, a merced de corrientes espirituales que le envuelven y que desconoce, sintiendo dentro de sí energías que se disipan por falta de empleo, es preciso que concluya. Es preciso que el pueblo español tenga, como Saulo, su camino de Damasco; que se horrorice de su lepra, que llore lágrimas de sangre por un ideal de vida que, de momento, no podrá alcanzar, que luche y forcejee, en suma: que prepare los caminos a las generaciones que vendrán, contentándose con ver desde muy lejos la tierra prometida. 

“El problema español” se publica por estar de rabiosa actualidad 105 años después

Tal es el móvil inspirador de esta campaña. Una vez expuesto no necesito deciros que no vengo a soliviantar las pasiones, ni a provocar un estallido de los rencores latentes, ni a producir un fugaz y pasajero movimiento de protesta. Sí quiero que pase a vuestro corazón una chispa de este convencimiento que arde en el mío con tan viva llama, quiero ayudaros a razonar vuestro descontento, a señalarlas causas de él, a desbrozar el camino por donde se va al remedio.

“Quiero ayudaros a razonar vuestro descontento”. (Manuel Azaña, 1911)

Más que una momentánea adhesión, busco y deseo que en vosotros quede un germen, un sedimento, que en vuestra soledad y en vuestro vivir cotidiano iréis elaborando por la reflexión tranquila; si llega a echar raíces y a ser la norma de vuestra conducta, el fruto de esta campaña se habrá conseguido y a ser la norma de vuestra conducta, el fruto de esta campaña se habrá conseguido.

Casa del pueblo de Alcalá de Henares

Comprenderéis que pensando de este modo mi puesto estaba entre vosotros, cooperando desde el primer día a los fines de esta Casa. Comprenderéis, también, que su fundación me llenase de júbilo, porque la Casa del Pueblo de Alcalá, sin perjuicio y al mismo tiempo de ser una piedra más llevada a un gran edificio nacional y hasta universal, un pequeño arroyo que viene a engrosar una corriente ya poderosísima, puede ser, debe ser, y yo espero que será, en esfera más reducida, un soplo de aire vivo, que rice y purifique las aguas infectas de este pantano que es la vida política alcalina.

Y lo será, porque estas casas son los hogares del progreso, especificado en una de sus más irresistibles tendencias: la que poniendo atención, prestando oídos a las reivindicaciones de las clases bajas, quiere hacer obra de justicia social, difundiendo la cultura y el bienestar por la práctica de la democracia pura, entendiendo por democracia, con Azcárate, no una clase que haya de sobreponerse a las demás, ni un procedimiento más o menos de llevar a cabo y realizar éstas o las otras ideas, y si si esta fuerza nueva, este nuevo principio, este nuevo sentido del derecho y de la vida política, más amplio, más universal, más humano, que ha encarnado en la conciencia de los pueblos después de haber sido madurado en la esfera del pensamiento y que está hoy inspirando a las sociedades modernas. Aquí han de prepararse las luchas políticas y económicas, y esa preparación no puede ser otra que la organización de la victoria.