viernes, 8 de septiembre de 2017

"Oligarquía financiera y poder político en España" - J. Marín (043)

Manuel Puerto Ducet


Lucro cesante 

La calificación de Lehman Brothers era, según Moody’s, superior a la que ostentaba el mejor posicionado de los bancos españoles. A la inmensa mayoría de los clientes del nuevo BANIF, les fueron colocados los estructurados de Lehman Brothers como una operación totalmente garantizada y con riesgo cero; paradójicamente, estaba contemplado como el porcentaje de inversión segura que se incluye en toda cartera para su correcta diversificación, compensando el riesgo de otras inversiones más agresivas. La cadena de irresponsabilidades no se interrumpió en ningún momento desde el diseño del producto hasta el último intermediario. El mismo Lehman Brothers emitió un informe en abril de 2008, reconociendo que había colocado activos contaminados y alertando del riesgo a sus suscriptores. BANIF no solo no informó de ello a sus clientes como es preceptivo, sino que ni tan siquiera se molestó en ordenar que se liquidaran posiciones, a diferencia de lo que hicieron otras entidades tenedoras de Suiza y Bélgica. Me solidaricé, y al tiempo me indigné, con el doloroso testimonio de algunos de mis antiguos clientes, que, desoyendo mis consejos, siguieron vinculados a BANIF. Ignoraba el momento en el que se produciría el descalabro, pero, como testigo de una deriva, sabía que aquel castillo de naipes no podría mantenerse por tiempo indefinido. 

No debe extrañar que, cuando una entidad persigue el lucro a cualquier precio, coincidan en su cartera todos los activos contaminados que circulan por el mercado. Desorbitadas comisiones de colocación corresponden, en la mayoría de casos, a activos de dudosa solvencia. BANIF se convirtió en el mayor contenedor de basura financiera del mercado. Se estrenó con Lehman Brothers y continuó la racha con las operaciones de Madoff, con implicación del hijo y el yerno de Emilio Botín y la sociedad Optimal —con clientes damnificados por un importe de 2.330 millones de euros—, así como el fondo Fairfuld Impala, que terminó pasando el rastrillo. Qué más da si algunas familias acabaron completamente arruinadas; eso les pasó por tener dinero o por haberlo ahorrado; aunque les podría hablar también de alguna fundación humanitaria que fue profusamente esquilmada. Pecaría por omisión si obviara que Emilio Botín sabe calibrar los riesgos como nadie. 

Por primera vez en su trayectoria, decidió paliar selectivamente los fiascos de Lehman Brothers y Madoff. Pesó sin duda en su ánimo el hecho de que vástago y yerno no podían salir de su casa, al haber intermediado en cuantiosas operaciones con personas allegadas y pendía sobre ellos la amenaza de ser proscritos socialmente. Otra cosa eran los clientes de menor rango de Morenés y Botín junior —que se enteran de las noticias por la prensa— y que no formaban parte del círculo social de los muchachos. Que nadie crea ni por un momento que Botín da puntada sin hilo y que su banco vaya a perder ni un solo euro con las teóricas compensaciones. Hay que constatar, en primer lugar, que los inversionistas institucionales se quedaron sin cobrar. Los agraciados con la magnanimidad de don Emilio no percibirán las compensaciones en metálico, sino a través de un instrumento híbrido que se amortizará pasados 10 años (conozco a varios clientes que no llegarán al vencimiento). Se emitieron un total de 1.380 millones de euros, que es la cantidad que teóricamente se decidió compensar. El banco se dedujo 500 millones por coste contable con cargo a beneficios de 2008 —sobre un importe que, como hemos dicho, no se pagará hasta dentro de diez años—. 

La diferencia entre lo compensado y lo deducido es bastante inferior al importe percibido por el grupo, en concepto de comisiones de colocación de estos bonos basura. Por otra parte, BANIF ha venido ingresando 42 millones de euros anuales por comisiones de gestión. Los folletos especificaban los conceptos de tales comisiones: «En contraprestación a la tutela que la entidad debe ejercer sobre los fondos gestionados. El broker-dealer solo es responsable de la ejecución de las operaciones, no de las decisiones de inversión que son nuestras. Sometemos a una exhaustiva due dilligence y a una supervisión constante a los profesionales a los que encomendamos la gestión de nuestros fondos». No deja de ser curioso que el nombre de Madoff no apareciera por ninguna parte, recurriendo a la genérica denominación de broker-leader. 

Tras saltar por los aires todo el montaje, se pueden fácilmente deducir los motivos de este silencio. Por lo anteriormente reseñado, BANIF y el Grupo Santander, junto a la auditora Price Waterhouse Coopers (la misma que calificó de excelentes las cuentas del Banesto de Mario Conde un mes antes de ser intervenido), están imputados en Estados Unidos por los siguientes cargos: 

1. Conocimiento de que los activos de Madoff eran una estafa, ocultándolo a sus clientes.

2. Quiebra de sus obligaciones fiduciarias por no ser capaces de detectar el fraude a través de la perceptiva due dilligence y no proteger los intereses de los inversores, pese a cobrar elevadas comisiones por hacerlo. 3. Enriquecimiento ilícito, negligencia y mala praxis profesional. Si como rezaban sus folletos tenían acceso directo al gestor de los títulos, debieron de enterarse de que el broker Harry Markopolos remitió a la SEC (Secundes and Exchange Commission) numerosas alertas (red flags) por los claros indicios de que las operaciones de Madoff constituían un fraude. Ignoraron asimismo las recomendaciones de Aksia Societé Generale, ACOM y de Atlantic Trust de no invertir en estos hedge founds por las sospechas que despertaban. Javier Marín Romano, consejerodelegado de BANIF desde 2001, responsable directo de los expolios y compañero de golf de Emilio Botín —viendo la que se le venía encima— consiguió en diciembre de 2007 —entre hoyo y hoyo— convencer al gran capo para que nombrara en su lugar a otro consejero-delegado y lo encumbrara a él al puesto de máximo responsable de la división de Banca Privada Global del Grupo Santander. El nuevo consejerodelegado, José Manuel Maceda —sin haber participado en los múltiples desaguisados y por haberse mostrado crítico con la gestión de Marín y de su presidente Sáenz—, fue utilizado como chivo expiatorio y fulminado de su cargo en marzo de 2011. De esta forma, Javier Marín conserva intactas sus aspiraciones a sustituir algún día al indultado Alfredo Sáenz, como consejero-delegado del Santander. Es así cómo funcionan las cosas en esta «familia».