sábado, 23 de septiembre de 2017

El ‘1-O’ pactado habría ganado el ‘NO’ un año después lo hará el ‘SI’

MLFA

El 11 de septiembre de 1714 se produjo la caída de la ciudad de Barcelona en manos de las tropas borbónicas españolas; desde 1980, fecha en la que la Generalitat de Catalunya declaró Fiesta Nacional el día 11 de septiembre, asistimos todos los años a la exaltación de una ‘derrota’, algo que no tiene precedentes en nuestra historia. Los catalanes celebran la denominada ‘diada’ del 11 de septiembre como si fuera una victoria sobre los ‘borbones’, siendo así que ocurrió al revés; en 1714 Catalunya fue invadida y derrotada por las tropas españolas. Debe servirnos como reflexión, incluso diría que como punto de inflexión, ya que hace 300 años pesó más la percepción que tenían los catalanes sobre el llamado ‘hecho diferencial’ que la propia derrota en si misma; como si dijeran: si hemos sido derrotados por la España quiere decir que no somos españoles y eso era motivo de celebración, incluso de exaltación, tres siglos después; a las últimas seis ‘diadas’ y su éxito clamoroso remito al lector.

Durante tan largo período de tiempo – 303 años – Catalunya se ha convertido en crisol de razas e identidades (de eso ya se ocupó el Estado español jacobino) y, como consecuencia de ese ‘mestizaje’, positivo a mi modo de ver, la identidad netamente catalana se fue diluyendo, si bien es cierto que sin llegar a desaparecer. Tuvo mucho que ver la represión de la lengua catalana (específica) que mama del francés y del castellano resultando ser una lengua latina hermana, aunque claramente diferenciada.

Ya no es momento de análisis y menos aún de debate, es tiempo de abrir un nuevo camino, el del pragmatismo socio-político, que respete esa especificidad de lengua y cultura propias. El análisis es bien conocido; el debate resultaría estéril, y el nuevo camino es la vía que nos conduce a la consulta ciudadana, haciendo abstracción de la casuística que nos ha arrastrado de aluvión a la situación actual. Las tesis neofranquistas de los gobiernos del Partido Popular y el intento de ‘tapar’ la corrupción de los gobiernos de CIU (Convergencia i Unió), superando las fronteras centenarias, maridaron, y condujeron a Catalunya al secesionismo y consiguiente fractura social. Es bien conocido por todos y no requiere de mayor explicación. Nuestro lector, hombre o mujer bien informados, conoce bien el maridaje perverso del que hablamos.

La humillación infligida al pueblo de Catalunya es de tal magnitud, recordemos que los catalanes exaltan sus derrotas, también sus humillaciones; que resultará del todo imposible o, cuando menos, de gran dificultad, convencerles de que están mejor ‘juntos’ (junts) con nosotros (amb nosaltres) sus hermanos. Convencidos de que a través de un referéndum democrático ‘pactado’ habríamos satisfecho el derecho a decidir que les asiste (como a independentistas escoceses y afrancesados de Quebec), y el resultado hubiera sido un NO a la independencia; expresamos nuestra preocupación fraternal acerca de la decisión que adoptarán los catalanes ‘humillados’ por el gobierno español y sus socios del socialismo y de la derecha extrema (léase ‘Ciudadanos’) en una nueva consulta con garantías que, a buen seguro, alumbrará la independencia de Catalunya en el plazo de uno a dos años. 

Y es que quien siembra vientos 'constitucionales' recoge tempestades emocionales; es bien sabido que al presidente Rajoy le falta inteligencia emocional, y a los queridos catalanes y catalanas les sobra, por suerte para ellos; los lectores lo comprobarán en breve. 

Al PP le ha salido el tiro retro por la culata (como le ocurrió al viejo general en aquella cacería). A los 'corruptos' de CIU también y es condición sine quanon que Rajoy y Puigdemont se vayan a casa lo antes que sea posible a fin de que podamos negociar un referéndum 'pactado' como se hizo en Gran Bretaña y Canadá.