miércoles, 27 de diciembre de 2017

‘Whatsapp’ es herramienta coadyuvante para la violencia de género

MLFA
Criminólogo

La aplicación reina de las comunicaciones actuales es, sin lugar a dudas, la conocida como ‘whatsapp’, a pesar de que el 90% de los usuarios de la misma no sabe como se escribe; supera a ‘twiter’ que ha quedado relegada a sectores más formados de la población, ello debido a la dificultad de condensar, en un determinado número de caracteres, una idea, opinión o simple noticia; gran parte de la población carece de comprensión lectora, lo que les impide redactar un mínimo texto, tan siquiera. Whatsapp permite controlar – en tiempo real – la actividad ‘mensajera’ de nuestros ‘contactos’, lo cual supone una intromisión en la intimidad que suele acarrear consecuencias.

El futuro ‘maltrata’ está de viaje y comprueba que su pareja ‘mensajea’ a las 02:13 horas

Aún no disponemos del ‘maltratador’ completo, pero ya apunta maneras; ¿con quién puede estar hablando la parienta, si su madre (de ella) desconecta el ‘sonotone’ para dormir? Ahí la ‘cornucopia’ comienza a excitar los celos de forma imparable; de hecho, nuestro ‘maltrata’ piensa que se trata de una confesión de parte, lisa y llanamente, porque – se pregunta el fulano – si se encontraba insomne ¿por qué no se ‘mensajea’ conmigo?

El control horario nos indica si ha llegado al final de un viaje; también las paradas que ha hecho en el camino (las mujeres no utilizan whatsapp mientras conducen) y, aunque no sabemos con quién ha ‘chateado’, somos conscientes de que no lo ha hecho con nosotros, (que no se me olvide preguntárselo cuando llegue a casa).


Mensaje enviado, recibido y/o leído; demora en la respuesta (si no es inmediata, el tipo va y se ofende, además no entiende de ‘cobertura’, salvo la que hace referencia a ‘cubrir’ a la hembra). Los celos intensos constituyen un factor criminógeno de primer orden; esto es sabido, pero la coquetería, llevada a ciertos extremos, también lo es, aunque no le concedamos importancia; algunas mujeres exacerban su coquetería innata a través del whatsapp, enviando mensajes subliminales sin aviesa intención. Éstos, interpretados (a su manera) por la pareja, que le ha controlado el móvil, provocan celos sin solución de continuidad que llegan a ser patológicos en individuos con una escasa estabilidad emocional. Recuerdo a mis compañeras de aula en Barcelona: montaron en cólera cuando el profesor clasificó la coquetería ‘excesiva’ como un factor criminógeno; han pasado tres décadas y hemos avanzado muy poco en ese terreno, la coquetería impera en nuestra sociedad, diría que le es exigida a la mujer si quiere aparecer como ‘triunfadora’. La publicidad, en aumento exponencial, que convierte a la mujer en adorno lujo-lujurioso y, por tanto, en objeto de deseo, no ayuda lo más mínimo, más bien lo agrava todo, al 'cosificar' a la mujer.

El ‘doble lenguaje’ de unos pocos está ya al alcance de todos y se emplea con fruición


Es obvio que no podemos ser ‘simplistas’ y poner las miras en este sistema moderno de comunicación; la violencia de género viene impelida (desatada) por un conjunto de factores que (todos juntos) colocan al maltratador en situación ‘catastrófica’; de ahí que (él) no vea otra solución a su ‘acorralamiento’ que la desaparición física de la causante (según él lo entiende) de su ‘humillación’. Puesto en situación catastrófica extremada decide ‘desaparecer’ él también y se ‘autolesiona’ o procede a la ‘autolisis’, vulgo ‘suicidio’. No procede enumerar la serie de factores, de sobra conocidos por sociólogos y educadores, también por policías y jueces que se ocupan de la violencia de género. Esta Navidad hemos comprobado como se felicitan por whatsapp hermanos que no se ven durante años; e hijos que ya no quieren escuchar ‘el rollo’ de sus ‘viejos’ y les fuerzan a ‘wasapear’, contra su voluntad y entre lágrimas (de los viejos, claro).

Whatsapp es un arma de destrucción masiva de relaciones humanas; sociales y familiares

PS – Ahora que habíamos logrado que el (carísimo) teléfono de nuestros mayores estuviera al alcance de todos, otra prueba de modernidad y progreso social, muchos ignorantes han rechazado la calidez que ofrece la conversación telefónica por el empleo de emoticones y frases hechas; a fin de cuentas su capacidad de comprensión lectora corre pareja con su dificultad para expresarse con coherencia y el whatsapp les corrige el déficit de lenguaje y normas inherentes al mismo. Hoy se comunican con el lenguaje de los ‘indios’ de aquellas películas de John Wayne: ‘Yo cariño’, ‘Tú besos’, ‘Yo bisbis’, ‘Yo aparato grande’, en definitiva unas relaciones sociales y familiares rotas para siempre o, cuando menos, ralentizadas.