sábado, 2 de abril de 2022

El príncipe Carlos de Inglaterra pertenece a nuestra promoción '65'

MLFA - Curso Preuniversitario (COU de hoy) en 1965. Licenciado Superior en Ciencias Náuticas. Cursos de postgrado homologados en la UE y USA: Sanidad, Seguridad, Comunicaciones. Profesor de Náutica. Criminología e Investigación. Intérprete Jurado. Estudiante de 4º curso de Derecho en la actualidad. CMM.

Mi madre, doña Elisa, licenciada en Filosofía y Letras, me consolaba cuando era agredido por los frailes; mi padre, don Martín, médico pediatra, 'actuaba' contra ellos; una de las veces empleó la violencia física. Yo golpeé con saña a uno de aquellos psicópatas a la edad de 21 años. Lo encontré en Logroño, era SP.

La reina de Inglaterra nunca besó a su hijo desde el nacimiento; su padre, un golfo desmedido, maltrató hasta desquiciarlo al 'príncipe-tampax'. El domingo lo despedían con lágrimas (todos menos su hijo Carlos). A nosotros nos molían a palos unos frailes

El príncipe Carlos, el ex marido de Lady Di, pertenece a nuestra quinta, los nacidos en 1948; lo hemos recordado con motivo de la misa de salida de su padre, el duque de Windsor, fallecido ahora hace un año. Un tipo que murió nonagenario, tras una vida dedicada al 'dolce fare niente', si exceptuamos la energía que dedicó a hacer la vida imposible a sus hijos varones Carlos, (especialmente a este), Eduardo y Andrés, este último presunto acosador sexual de menores que ha rehecho su vida tras abonar 14 millones de euros a una de sus denunciantes. El domingo le vimos entrar en la iglesia del brazo de su madre, la tieta Lilibeth del rey Felipe VI. ¡Hay que echarle cojones para hacer entrada solemne tan indigna!

En la instantánea de RTVE se aprecia el momento en que el presunto 'acosador' suelta el brazo de su madre para que se siente junto a la familia.

Ello me ha animado a contarles algo de lo que no se habla; la violencia física desmedida y el acoso sexual de miembros de órdenes religiosas (frailes) a miles y miles de chavales. Reto a mis 'compas' a que me repliquen si tienen valor para ello. Lo hago a los 74 años, edad a la que se nos está narrando lo de Carlos de Gales

A lo largo de los 55 años transcurridos desde 1965 hasta 2020 nunca sentí deseo de participar en la gala anual de alumnos de mi promoción, la de 1965. Hete aquí que, ante la aparición de la epidemia de coronavirus en febrero de 2020, y el impacto emocional que conllevó, en especial para los de mi edad, decidí reunirme con los compañeros, si bien lo hice de forma telemática (la fiesta anual suspendida por mor de la pandemia) en la Navidad de 2020, desde Marbella.

Por algunos de ellos sentía mucho cariño, si bien es cierto que aquellas reuniones eran hueras de contenido; existía un acuerdo tácito para no hablar de política, sociología y filosofía; y existía despreocupación hacia aquellos 'compas' a quienes no les iba bien, si bien es cierto que eran muy pocos. Éramos los reyes del mundo, o eso creían muchos de los asistentes a aquellos ágapes. Se hablaba de vaciedades; ello en una Euskadi que crujía de dolor y que se llenaba de sangre. Quiero recordar que todos -absolutamente todos- somos licenciados y doctores y 'debíamos' algo a la sociedad vasca que nos vio nacer y prosperar social y económicamente. ¡Qué menos que debatir sobre su problemática social y política! Y de la barbarie de la que fueron protagonistas los frailes aquellos. Pero no: ¡Fuese y no hubo nada de qué hablar sobre violencia desmedida contra niños!

La consigna (algunos eran francmasones) era ¡Hablar bien del colegio y de aquellos profesores inicuos!

Hablemos; no precisamente bien, de aquellos bestias extraídos de sus aldeas de origen a base de promesas de una vida mejor, tras convencer a sus padres de la oportunidad que suponía para su vástago (un morrosko, casi siempre sin desasnar). Tengo la impresión, con la perspectiva que da el tiempo, de que aquellos 'reclutadores' mostraban interés por los más 'burros' de la aldea, al considerar que serían más 'manejables' una vez dentro de la congregación. El 'euskera' no suponía mérito alguno, más bien al contrario; los más listos de entre los aspirantes negaban conocer el euskera, a pesar de ser su lengua materna.

Tras el 'noviciado' (pariente pobre de los seminarios diocesanos) accedían al aula ¡como profesores!

El horario lectivo era de mañana y tarde, incluidos los sábados; la misa era diaria y tomaban buena nota de los alumnos que no comulgaban o no confesaban. Por la mañana, al entrar, nos hacían formar en el patio y cantar el himno del colegio y el 'Cara al sol' franquista.

Precisamente hoy, en Catalunya, se denuncian los abusos en el servicio militar obligatorio del franquismo

Te pegaban con manos y puños, con patadas si te escurrías de sus brazos, y con cualquier objeto a mano. Te tiraban el borrador de madera a la cabeza.

El control de los alumnos se hacía por medio de una represión salvaje, utilizaban la violencia física de forma indiscriminada, y entre estos actos violentos anunciaban peores males por medio de amenazas continuadas

El alumno juntaba los dedos de la mano uniéndolos por las yemas; el cabrón de turno lo vejaba dándole a elegir la mano que iba a ser masacrada. La serie de golpes se propinaba con una 'regla de cuadradillo' cuyos cuatro bordes eran metálicos, entre risotadas del fraile y el 'silencio de los corderos' del resto de compañeros de clase.

No recuerdo clase sin bofetadas; fuera quien fuera el fraile actuante, y, conforme íbamos creciendo, las bofetadas se convirtieron en 'puñetazos', aquello era más serio y el terror se apoderaba de los alumnos más vulnerables; algunos no podían ocultar los golpes recibidos, las marcas en rostro y cuello lo delataban. La mayoría de alumnos decían en sus casas que 'se habían peleado en el patio con un compañero'.

Era frecuente que frailes osados, con la testosterona a flor de piel, se arremangaran la sotana e irrumpieran en partidillos de fútbol en el patio. Se dieron varios casos de violencia extrema (propia de aquellos  aldeanos energúmenos); un alumno se enfrentaba al fraile deportivamente, robándole balón y logrando goles. El fraile, sudoroso por el exceso de ropa rústica que vestía bajo la sotana, esperaba a que volvieran al aula; una vez dentro vejaba al alumno 'futbolista' y le pegaba, en una de las ocasiones pegó un puñetazo a un chaval, este cayó al suelo y se hizo una brecha en la frente, sangraba copiosamente y -asustados- lo llevamos a la enfermería; el fraile siguió impartiendo la lección como si nada hubiera ocurrido.

Los directores de colegios de religiosos eran los más 'listos' de entre la comunidad y los malvados por inacción

El pie de foto dice: "Torturas a menores en colegios de religiosos". (Asociación para la Memoria Histórica)

Uno de aquellos frailes era un 'psicópata asesino', así como lo están leyendo; se llamaba José Ramón, individuo fornido de mirada torva que tenía asustados a sus compañeros de congregación. Vayamos con él para escarnio de quienes no llevaron al cabrón este ante la Justicia. Elegía un alumno al albur, le mostraba su enojo por cualquier tontería y lo citaba a las siete de la tarde, hora de finalización de las clases, en el aula correspondiente. El pusilánime (por no decir imbécil) del compañero acudía a la cita y el 'asesino' le propinaba una paliza 'a base de puñetazos y patadas', nunca conseguimos saber porqué los padres del chico, que llegaba a casa tumefacto y sangrando, no denunciaban la agresión ante el colegio y ante la policía (aunque fuera la de Franco). Las agresiones se repitieron varias veces durante aquel curso, teníamos 13 añitos, el cabrón aquel tenía 27.

Hasta que me tocó a mí porque no le gustaba mi forma de hablar; pude escapar escondido entre los alumnos

Mi padre, médico pediatra y republicano ex condenado a muerte por Franco, tenía bajo su cuidado clínico a hijos e hijas de policías y funcionarios de prisiones, todos del régimen pero buenos padres. Llamó a un inspector de la brigada criminal (con el que tomaba vinos algunos días al mediodía) y juntos se presentaron en el despacho del director; este llamó a capítulo (todo esto lo supe un años después) al cabrón aquel, nada más entrar en el despacho el policía lo arrojó contra la mesa del director, cayeron lámparas, libros y todo tipo de documentos. El director estaba aterrorizado ante la violencia desatada sin mediar explicación alguna. Acto seguido el propio policía lo arrastró por el suelo hasta la puerta e, identificándose, exigió del director los datos personales del 'psicópata'.

Años después, tras una de aquellas palizas (el tipo, tras años de castigo en el noviciado, volvió a las andadas) y correspondiente denuncia, siguió sin ingresar en prisión. La comunidad lo envió a 'El Salvador' con billete solo de ida. Desapareció del radar de la Justicia, si es que se puede llamar así a la impartida por el franquismo. Alguien tuvo que firmar el pasaporte de aquella bestia. Hoy tendría 85 años, espero que esté en el infierno de los frailes.


Muchos años después, trabajando como instructor de internos en La Modelo, conocí a un miembro salvadoreño de la 'Mara Salvatrucha' que iba a ser deportado a su país tras cumplir la mitad de la condena en España. Estuve tentado de darle todos los datos para que hicieran una visita al psicópata (ya mayor); lo pensé mejor al sospechar que lo matarían y yo sería acusado como 'inductor' del crimen.

Preferí rogar a Dios para que algún 'marero' de su escuela lo 'pinchara' en la calle tras ser apalizado en el aula

El castigo conocido como 'el coco' consistía en darte un cocotazo en la cabeza con los nudillos del puño cerrado de uno de aquellos frailes; lo hacían a traición, se acercaban al alumno, pasaban de largo su pupitre, este se confiaba y el cabrón aquel se volvía y le arreaba semejante 'cocotazo'. Hay que tener en cuenta que a esa edad el cráneo todavía no se ha 'cerrado' del todo, algo que ocurre a partir de los 18 años. Recuerdo un compañero, le llamaban 'Tato', el chaval se desmayaba cuando veía sangre (luego se hizo médico, curioso ¿no?) y estaba aterrorizado, continuamente se tocaba la cabeza, aunque no fuera el destinatario del 'coco'.

MLFA: Bachillerato (7,5) - Preu (8) - Hockey sobre patines y Atletismo: viajes por toda España todos los años

Quiero decir, con este subrayado, que yo era un buen alumno, no muy brillante pero sí muy completo: miembro de la selección española de Hockey sobre patines y miembro de la selección vizcaína de Atletismo, viajaba a Burgos, Alicante, Barcelona, La Coruña y a Lisboa. Formaba parte del coro de la Iglesia y era el 'batería' del conjunto 'Los Escarabajos', formado en el propio colegio. Lo digo para que el lector no piense que era un alumno conflictivo, pero los apalizamientos, como verán a continuación, continuaron. Ningún chaval merecía ser apalizado por aquellas bestias en cuyas manos estaba nuestra educación académica y de valores. Eran unos cabrones; hablo de más de la mitad del censo frailuno. Hablaremos de una presunta relación entre violencia física y sexualidad frustrada de aquellos hombres malignos al servicio de Dios.

Con 12 años gané el concurso nazional de Redacción con un trabajo sobre la Meteorología; me ayudó mi padre

Ángel Gabilondo, Defensor del Pueblo, designado para el cargo por PS, 'sosoman' en la Asamblea de Madrid, 'acusado' como presunto encubridor de delitos sexuales cometidos contra niños cuando era profesor en varios colegios. Hoy le piden que investigue ese tipo de delitos. ¡Vaya! Foto de EFE/J.J. Guillén.

El fraile SP, un tarado mental, retorcía la nariz a los alumnos que merecían, en su opinión, ser castigados. En mi caso; me provocó la rotura del tabique nasal, mi padre denunció la agresión, esta fue archivada por el juez a pesar de disponer del informe médico, tal era el poderío de la iglesia católica fascista que nuestros compañeros se niegan a denunciar 55 años después, remedando, como he dicho arriba, un silencio de los corderos cobarde y humillante para nuestra promoción. Son los mismos que se dedican a ensalzar las libertades fundamentales desde los más que sospechosos clubes 'rotarios'. Hoy en día; una rotura de nariz, con agravante de abuso de autoridad y violencia extrema sobre un niño se castiga con pena de privación de libertad y unas indemnizaciones más que considerables. Los hijos de mis compañeros deberían ser informados (con cariño y sin ira) cómo fueron educados sus padres por unos energúmenos, alguno de ellos psicopático, que decían hablar en nombre de Dios.

Para terminar: ¿Qué ocurría con los alumnos más estudiosos de la clase? Pues que estos también eran citados en el aula en horario intempestivo por algunos frailes pederastas; la excusa era que querían ampliar conocimientos sobre determinados temas de cualquiera de las asignaturas. El fraile acercaba una silla a su mesa, pedía al alumno que se sentara junto a él y, mientras peroraba, le metía la mano por debajo del pantalón corto, palpaba el muslo y, presuntamente, todo lo que pudiera. En esa pose fueron 'pillados' varios frailes por otros alumnos que accedieron al aula sin ser llamados. Entonces llevábamos pantalón corto hasta bien entrada la adolescencia .

Como ya he dicho más arriba; años después, durante la Transición, se forjó una teoría, por expertos en la materia, que mantenía que la 'violencia' ejercida sobre nosotros era un sustitutivo de la vida sexual a que las bestias aquellas no tenían acceso, así como al estricto régimen de vida comunitaria sin contacto social alguno, a diferencia de los sacerdotes, estos hacían vida social (y menuda vidorra, queridos lectores) y la mayoría convivía con un 'ama de llaves' o las conocidas como 'la sobrina del cura'

Harían un gran favor a la memoria histórica si denunciaran estos delitos aunque los mismos hayan prescrito

PS - Los artículos y sueltos que venimos publicando en los últimos meses no han pasado por la mesa de corrección ni han sido adornados con cláusulas de estilo literario; en breve volveremos a mostrar respeto por la literatura digital. De todas formas; se nos entiende perfectamente, y de eso es de lo que se trata en unos tiempos en que vivimos peligrosamente. Gracias por estar ahí, en la esperanza de que estas líneas descarnadas sirvan para recordar el daño que nos hicieron unos clérigos fascistones y pastunes, seleccionados de entre lo peor de sus vecinos en aldeas de Euskal Herria.