domingo, 20 de enero de 2019

La Saga de La Encomienda por Martín L Fernández-Armesto (066)

Ayuntamiento de Azuqueca de Henares

Se ha de reseñar para la historia la digna actitud de líderes obreros como Marcelino Camacho y Nico Redondo, que pronto se percataron, estupefactos, de la estafa que suponía el felipismo, ambos eran de mente preclara y dignidad a raudales. Fueron apartados por ese movimiento que controlaba el cambio oculto bajo las siglas PSOE y su eslogan de ‘100 años de honradez’ al que muchos añadían con sorna aquello de ‘y 40 de vacaciones’. Al igual que nuestro hombre de “Zagala”, Felipe terminó con las manos manchadas de sangre y alguno de sus ministros y altos cargos en prisión, y su partido fue el paradigma de la corrupción en aquellos años. 

- Dices que no vendrás a mi fiesta el sábado, no lo entiendo, ya está todo organizado con el catering del “Ercilla”, tú verás. – Maribel, él le mira a los ojos y toma su mano derecha, mira cariño, son unos pardillos, nos necesitan a los que sabemos de esto, y, mira, voy al otro lado a preparar acciones, y me quieren desde ya, ‘morritos’ acaba de dar el visto bueno, jajaja, se nos da licencia para matar, como al agente 007, y, como te digo, nos necesitan. 

- ¡Por Dios! ¿De qué me hablas? no quiero saber nada de todo esto, Josetxu; no te imagino colaborando con los socialistas. – Es mi futuro, nena, no es cuestión de ideas, que yo no tengo, sino futuro, te lo repito, no estoy dispuesto a seguir de subcomisario ni a volver a presidir las corridas de toros de la semana grande, haciendo el nota con el pañuelo blanco y cenando con los fachas del Cocherito. 

Esta conversación tenía lugar en el ‘Stork’, un pub de lujo en la calle ‘Banderas de Vizcaya’ (hoy Telesforo Aranzadi) en el otoño de 1983, entre el subcomisario de policía José Amedo, y su pareja Maribel, hija de un prohombre del franquismo bilbaíno, recientemente divorciada. Ahí comenzó a hablarse del GAL, de acuerdo que José Amedo lo hizo de forma frívola y coloquial y a su novia solo le preocupaba su fiesta. 

GAL es el acrónimo de ‘Grupos Antiterroristas de Liberación’, una banda parapolicial española que practicó la ‘guerra sucia’, lo que se llegó a conocer como ‘terrorismo de estado’, contra la más sucia de las bandas, la organización terrorista ETA, y contra todo su entorno, financiada por el propio Ministerio del Interior, siendo presidente Felipe González, elegido el año anterior. Corría el año 1983 y nuestro presidente desempolvó unos apuntes de su amigo Carlos Andrés Pérez sobre ‘lucha sucia contraterrorista’; aquél presidente venezolano, que era íntimo amigo de González y, que, como paradigma de la corrupción política y económica, provocó el triunfo de la revolución bolivariana del denostado Hugo Chávez. 

Carlos Andrés Pérez fue por dos veces presidente de Venezuela, la segunda de las cuales tuvo que huir a Miami de forma apresurada, ciudad en la que falleció años después; durante su primer mandato, que tuvo lugar entre los años 1974 y 1979, conoció a Felipe González, a quien llegó a prestar el avión presidencial para que retornara a España producido el fallecimiento del General Franco, él mismo le acompañó en aquel vuelo. 

Fueron grandes amigos y se dice que fue de Pérez de quien aprendió el arte de la ‘guerra sucia’, llegando a obtener un doctorado en ‘Crímenes de Estado’, haciendo las prácticas exigidas pertinentemente a través de la franquicia de los GAL, un verdadero despropósito político que insufló oxígeno a la banda terrorista ETA a nivel internacional. Los cachondos del PCE le recordaban la canción de moda ‘Me lo dijo Pérez que estuvo en Mallorca’, que sonaba en las playas españolas. 

Volviendo a la Venezuela de Carlos Andrés Pérez; la violencia en el país era de intensidad muy parecida a la actual, en Puerto la Cruz, importante enclave petrolero, cercano a la turística Isla Margarita, y durante los años de su mandato, los policías portaban dos y hasta tres armas de fuego, con ellas ejecutaban a delincuentes, deshaciéndose inmediatamente del arma, amén de que se dedicaban, a un tiempo, a extorsionar a honrados comerciantes. Eran matones y se seleccionaban para el oficio de policías entre el hampa que controlaba los suburbios de las grandes ciudades.