miércoles, 10 de junio de 2020

Explosión a bordo del buque 'Santa Cruz de Tenerife' de la 'Trasme'

MLFA 
Capitán Marina Mercante 
Profesor de Náutica 
Buque "Santa Cruz de Tenerife" de la Compañía Trasmediterránea perteneciente a Patrimonio Nacional.

Ocurrió el 18 de enero de 1983 a las 04:30 horas, tres días antes de mi cumpleaños; la explosión, ensordecedora, provenía del motor de babor, concretamente del ‘barrido’ del mismo, y la onda expansiva fue interior, salvando la más que probable fractura del casco y consiguiente hundimiento instantáneo del buque. Yo era el oficial de navegación; por encima tenía al mejor oficial de Trasmediterránea, Lorenzo Morata, mallorquín, que terminó su carrera como ‘Práctico’ del puerto de Palma de Mallorca. Lorenzo, contra su voluntad, se hizo famoso por ser el capitán del buque de la línea Barcelona-Palma (creo recordar que era el ‘Ciudad de Badajoz’) desde el que se tiró al agua de madrugada F. Pigrau, marido de la famosísima folklórica española Mary Santpere, en el verano de 1987. Yo era profesor de Náutica en Barcelona desde el año anterior. A bordo del “Santa Cruz de Tenerife” viajábamos 500 pasajeros y 125 tripulantes, el buque hacía la ruta Barcelona-Algeciras-Canarias y la explosión se produjo a la altura de Casablanca, de vuelta a la Península; el barco escoró de forma muy peligrosa al parar los dos motores principales. Conseguimos arrancar el MP de estribor y recuperar la estabilidad. Entre los pasajeros; ninguna víctima mortal y numerosas fracturas, casi todos ellos eran personas mayores, éramos una especie de buque-INSERSO para turistas británicos y europeos. Hubo destrozos en el mobiliario y vajilla cuando se produjo el ‘par de vuelco’ que no llegó a culminar. (Cuando veo ‘TITANIC’ recuerdo la caída en cascada de cientos de platos, vasos y copas, también cubiertos de mesa del ‘TENERIFE’). El capitán, Antonio Sintes, de 74 años,  un viejo verde obsesionado con ligar pasajeras, era un ‘pirado’ con el que no contábamos para nada. De hecho fue sustituido por otro capitán para el control de la reparación. La mayoría de los capitanes viejos de la Trasmediterránea eran ‘desecho de tienta’ de la Armada española del franquismo. No por ‘republicanos’ sino por ‘ineptos’

Asumí el control manual del timón con un marinero de absoluta confianza: 28 horas a mano 

El “Tenerife” navegaba de crucero a 18 nudos; con un motor alcanzamos 7 nudos (7 millas por hora), forzando mucho el timón para mantener el rumbo Norte que nos llevaría a Cádiz, ya que resultaría imposible maniobrar para abocar el Estrecho y dejar el pasaje en Algeciras. Cádiz nos había ofrecido remolcadores que el capitán loco rechazó tajantemente. La comida nos la subían al puente, arroz hervido con huevos fritos, bocadillos para el pasaje. En la bocana del puerto de Cádiz tomamos dos remolques; los patrones eran muy buenos y nos amarraron al muelle de pasajeros, sin propulsión autónoma. Y las repatriaciones no presentaron problema alguno, aunque unos veinte pasajeros fueron hospitalizados con diversas fracturas. 

Astilleros de Cádiz; en grada durante 70 días  desvalijamos la gambuza y el tabaco de contrabando.

Enviamos a casa a la mayor parte de tripulantes y organizamos una tripulación mínima para supervisar las obras de reparación en Astilleros de Cádiz. Estas finalizaron a finales de marzo, recuerdo que era Semana Santa. 

Acudíamos a bailar al ‘Isecotel’, allí conocimos a Irene y María, dos funcionarias guapas 

El "Isecotel" era el lugar de moda de Cádiz en aquellos años.

Esta ‘batallita’ ha venido a mi memoria pensando en un ensayo sociológico que estoy preparando acerca de la playa como ‘regulador social’ en Andalucía. Preveo una revolución - ¿en Andalucía? – si siguen adelante con los planes previstos (para las playas) por este gobierno incompetente que ha gestionado mal la epidemia; de hecho, muchos pensamos que ‘no la ha gestionado’ ni bien ni mal, este equipo se caracteriza por incompetencia probada, y descoordinación por falta de ideal político ‘compartido’. (¿Qué tiene que ver la Irene Montero con la millonaria Celaá de Neguri o con la espía de la UE?) No seguiré con las contradicciones porque es sabido que no me preocupa nada la ‘gobernabilidad’ de la España retrofranquista. También se caracteriza por ausencia de liderazgo, esto va unido a la incompetencia, y porque resultan ser ‘perezosos’; donde hay muchas reuniones el ausente es el trabajo personal y el esfuerzo compartido. 

Funcionarias y estilo ‘playa’ ya en 1983; ¿cómo se lo montaban las chicas? 

En su entorno; lo habitual era instalar una tienda de campaña en marzo en la Costa del Sol, María e Irene lo hacían en Torremolinos. La tienda permanecería en el camping hasta octubre; en ella quedaban las ropas y útiles necesarios para una vida playera normal, incluida la cocina de gas y todo el menaje. Acudían todos los fines de semana, desde el viernes; unos 400 kilómetros de ida y vuelta, además de ‘puentes’ y todo tipo de fiestas de guardar, que eran muchísimas. La ropa de vestir y complementos iban y venían en el coche de María, era un ‘Renault-5’ de color rojo. Nosotros colaboramos en el viaje de instalación, alquilamos un 'Renault-8' y lo cargamos de tabaco, bebidas destiladas, cajas de cerveza, conservas de todo tipo, mantelería, y hasta mantas de lujo; los obreros del astillero robaban más que nosotros. Todo quedó bajo la custodia del dueño del camping, junto al hotel 'Pez Espada', a quien regalamos la mitad del cargamento; el coche nuestro no podía con la carga. 

Camping junto a "El Pez Espada" de Torremolinos; fotografía actual. En los '80' no era así de lujoso.

Una semana después el "Tenerife" estaba listo, nos esperaba un temporal en el Cabo de Gata (Almería) que ni los viejos habían conocido; el barco salió como nuevo de Cádiz y capeamos durante 20 horas con éxito, éramos 15 los tripulantes. Y Enrique no paraba de llorar, no por miedo sino por amor; era hijo de un alto cargo de la Armada, su padre me pidió opinión sobre la chica. Medio convencido, permitió que el hijo cogiera el tren Barcelona-Cádiz y se presentara en Cádiz para formalizar su relación. A raíz de aquellos acontecimientos escribí mi tratado 'Navegación con mal tiempo' que vendí a las facultades de Náutica de Cádiz, Barcelona y Bilbao.

En Andalucía la playa es un estilo de vida deseado y que resulta asequible 

Enrique se encaprichó de Irene desde el minuto uno; aquello era serio, tan serio que hoy, superados los 70 años, siguen felizmente casados y tienen hijos y nietos. Era el radiotelegrafista del barco y se convirtió en el enlace entre el astillero y Madrid (Edificio Bronce, calle Orense). Lo mío con María no prosperó, de hecho no comenzó; yo estaba felizmente casado y ella era una mujer honesta, si bien es cierto que la recuerdo con cariño. Recuerdo mi escapada a Bilbao, duró una semana, y a mi llegada a la estación de Cádiz, María estaba en punta de andén con un ramo enhebrado con flores ‘robadas’ de las jardineras de la propia estación del tren. 
 
"Chiringuito" de lujo, playa de Marbella. Los únicos andaluces son los camareros.

Fue una época muy divertida en una Andalucía pobre y hospitalaria, sumisa y entregada al socialismo ‘felipista’; la ciudadanía no era consciente de que les habían vendido una ‘burra coja’, hoy, algunos, (otros ya no están entre nosotros) hemos tenido el privilegio de ver a Felipe González reducido al ostracismo, cual presunto delincuente por sus crímenes de Estado, y por el empleo de usos reservados de Moncloa (900 millones de pesetas cada año), divorciado y humillado ante los ‘poderosos’ y declarando ‘chorradas’ ante periodistas que le deben favores. La banda de los sevillanos, 'el Clan de la tortilla' terminó en el oprobio más absoluto y algunos en la cárcel.

Y el rey Juan Carlos, su amigo y presunto socio, arrastrado por el fango, rey medieval en el que concurren todas las lacras de su ‘dinastía’, padre que arrastra a su hijo hacia el demérito, en medio de voces – espero que se conviertan en clamor – que reclaman la abolición de la monarquía, ya con minúscula para siempre. Se dice, se decía, que González 'engrasó' a Juan Carlos a través de Sarasola, empresario amigo de Felipe, y 'financiero' del 'felipismo'. Este Enrique Sarasola falleció joven; no tuvo tiempo de paladear las mieles del poder político absoluto del sevillano falaz. Hoy es su hijo quien sigue sus pasos, acorralado por la Fiscalía, Felipe no le puede echar una mano, se la 'abrasó' disparando con los GAL.

Volvamos del medioevo al momento actual; es un error lo de las playas en Andalucía 

Playa del Sur de Andalucía año 2020; cubierta de cientos de toneladas de algas tóxicas llegadas de China.

En el Norte y Levante, en Baleares y Canarias, las playas (no hablo del turismo de chancla y tinto de verano) son lugares adonde ir – socialmente hablando – para darse un baño, tomar el sol mientras se seca la piel, acercarse al ‘chiringuito’ elegante, en el propio arenal o en el paseo marítimo; en definitiva, ir a la playa es un ‘acto social’ más, con chapuzón, la sal se la quitan en la piscina del chalet; como puede ser acudir a una romería, o pasar la tarde en elegantes terrazas.  

Sólo los andaluces llevan comida y bebida a la playa; los ‘guiris’ la bolsa del hotel 

Los barcos que traen las algas tóxicas de China en sus tanques de lastre.

Intentar ‘parcelar’ los arenales andaluces; instalar puertas de acceso a las mismas; controlar los tiempos de estancia de las familias; separar a los mayores de los niños; respetar a un ‘matón’ (se están contratando a 1.900 € por mes) que no sabe ni expresarse, que te exige que ‘esperes’ en el paseo marítimo hasta que haya sitio, sentado en la nevera de hielo, junto a la sombrilla y cuatro sillas plegadas, bajo un sol inclemente, con los niños llorando y protestando; es propio de ‘gobernantes’ que no conocen a sus ‘gobernados’

Los andaluces no son más tontos que los vascos; son ‘muchísimo’ más pobres 

Sienten envidia los usuarios de algunas playas; Marbella, Torremolinos, Benalmádena, Conil de la Frontera, entre otras, cuando contemplan a madrileños y vascos – y algún que otro sevillano – deleitarse con gambas y langostinos en ‘chiringuitos’ elegantes, cuyas mesas están cubiertas con manteles de hilo que no revolotean por el peso de las copas de buen vidrio y mejores caldos. Manteles que no están sujetos con pinzas-grapa de plástico. 

Estos gibraltareños tienen segundas residencias en las mejores playas; no les prohiben el paso ¿por qué?

La playa es la solución para los parados y sus familias; pueden pasar el día (doce horas no dos como les ofrece la autoridad – única – sanitaria) al sol, y no solo los ‘lunes’, sino de lunes a domingo desde mediados de junio hasta finales de agosto. 

Llegamos a Marbella en 1972; era lo más parecido al paraíso terrenal… ¡para algunos!