domingo, 7 de junio de 2020

El no ‘separarse’ a partir del 'nido vacío' incrementará los maltratos

MLFA 
Separado legalmente desde 1986 


En la mayoría de casos se habla de maltrato psicológico; en otros de ‘tensiones’ continuadas, en definitiva: el matrimonio, salvo honrosas o sufridas excepciones, conduce al enfrentamiento – más o menos soterrado – entre dos personas que han compartido muchos años de vida y ‘se conocen’ perfectamente: gestos, impertinencias, olores, opiniones, y, especialmente, ‘debilidades’. Curiosamente; la misma mujer que convierte en ‘débil’ a su hombre; frenando sus iniciativas o reivindicaciones políticas, obligándole a tragarse sapos enormes en el trabajo, a callarse en las reuniones de vecinos y de padres de alumnos, y tantas otras ‘frustraciones’ sobre aspectos de su personalidad; esa misma mujer, como digo arriba, lo tilda de ‘débil’ cuando comienza la nueva era, conocida como ‘nido vacío’, si no añade aquello de ‘pareces tonto’, tan habitual en las parejas que han superado los diez ‘trienios’. En la clase social a la que pertenezco no son habituales, ni muchísimo menos, los maltratos ‘físicos’; de hecho, no conozco ninguno en mi entorno social. Y soy un espíritu que goza de plena libertad; ello me permite realizar estas reflexiones que, espero, les resulten interesantes, por conocidas de todos nosotros. Me separé a los 38 años, con dos hijas, nunca he vuelto la mirada atrás para no convertirme en estatua de sal. El resto de mujeres que he amado siguen siendo amigas, en mayor o menor medida. Siempre he tenido dormitorio propio, cuarto de baño individual y despacho; he sido un privilegiado, no muy aplaudido, eso también es cierto, aunque nunca he dejado de 'aplaudir' a mí mismo, en eso consiste la 'autoestima'. La duración media de un matrimonio es de 16 años; exactamente el tiempo que duró el mío (1970-1986). No me siento orgulloso de mi separación; si bien la consideré necesaria.

El confinamiento debido a la pandemia de Covid ha generado tensiones sobrevenidas 

Se abre un gran debate sobre ‘separaciones’ (lo del divorcio es su versión legal mercantilista y de oportunidad, yo no estoy ‘divorciado’ y me separé hace 34 años), debate que lleva implícita la cuestión de la ‘soledad’, para ser más precisos, la vida en soledad. 


Parto de la base de que ‘segundas partes nunca fueron buenas’, aseveración a la que doy crédito. Ello no es óbice para que uno (o la otra) puedan mantener relaciones afectivas esporádicas en años posteriores a su separación; si bien es cierto que la segunda pareja suele ser un ‘clon’ de la primera pero 15 años más joven – me refiero a la clase social a la que pertenezco – y debes estar advertido y muy prevenido al respecto; me refiero a lo de ‘clon’ (en el sentido, como saben, de ‘idénticas’, del verbo ‘clonar’). Lo digo porque es probable que vuelvas a separarte.

La única diferencia – según mi propia experiencia, cierto es que la ‘segunda’ y/o la ‘tercera’, incluso la ‘cuarta’; o que quede claro: el ‘segundo’ y/o el ‘tercero’, incluso el ‘cuarto’ (de ella, claro está) resultan ser más atrevidos sexualmente; tengo una anécdota (solo para mayores de 30 años); una de estas mujeres de mi vida, una de las más elegantes, se atrevió con la ‘fellatio’ y la pobre (se trataba de su primera vez) “se lo tragó todo”, conseguí que se lo tomara a risa (entre lágrimas) y hoy en día somos muy buenos amigos; de hecho es mi mejor amiga, aunque no mantenemos relación íntima, nos vemos de vez en cuando, quebrantando mi aislamiento. 


Yo mantengo una teoría que someto a la consideración de los lectores; la 'segunda', no digamos la 'tercera', por muy almibaradas que se muestren, no dejan de sentir un cierto 'rencor', soterrado, sí, pero que al final aparece, hacia el hombre recien adquirido por medio de la 'usucapio', yo lo denomino 'síndrome de segunda mano', algo así como si pensaran que, efectivamente, siempre serán 'las segundas'. Como digo, ya de mayores se lo hacen 'pagar' a su pareja (de segunda o tercera mano). También resulta curioso que 'odien' a la 'primera', sin tan siquiera conocerla, en muchos casos.

Hoy la monogamia no tiene sentido; la mujer puede valerse por sí sola: ¡Liberada! 

El problema radica en que nuestra sociedad, me refiero a España, sigue siendo ‘patriarcal’ y ‘machista’ y las mujeres llevan las de perder; salvo las que disponen de fortuna o empleos de calidad bien remunerados. Existen millones de mujeres con empleos precarios; no perciben salarios justos pero aprenden nuevas normas de convivencia con los varones, que les permiten ‘comparar’ y ello redunda en su ‘liberación’, aunque no se vislumbra a corto plazo, por desgracia. En esas comparaciones suele resultar ‘perdedor’ el marido, claro. (Se pasa todo el día en chándal y sudado y el del despacho va de revista). 


En términos generales; la opción de continuar unidos, bajo el mismo techo, en la misma cama e idénticos aromas corporales, sin olvidar los ronquidos del ‘barrigón’ de turno, viene a ser cuestionada. Se imponen alternativas innovadoras; una de ellas, en mi opinión la más importante, consiste en separar los dormitorios, algo que debería hacerse en los primeros años del matrimonio (o de la vida en pareja). También los cuartos de baño, si la vivienda lo permite. Por último se trataría de crear espacios de intimidad, para ver televisión, disfrutar de lecturas o escuchar música, también para trabajar. Intentar ‘admirarse’ el uno al otro (resulta difícil, la mujer es individualista e interesada por antonomasia). Entre las clases sociales bajas; nunca entregan el viejo televisor al proveedor que les trae el nuevo a casa; se debe a que el viejo pasa a ser útil para el marido en algún rincón de la casa (para sus horribles partidos de fútbol); el nuevo se instala en la salita o comedor para que doña ¡es que no me apetece! se manosee las neuronas viendo 'Telecinco' mañana, tarde y noche.

Si ‘okupais’ esos espacios de libertad y nueva convivencia no podrán traeros los nietos 


Si seguís como hasta ahora; si no ha cambiado nada en vuestras vidas desde 1987/1990, solo os queda ‘compartir’ el rechazo y la frustración, también los malos tratos de los que hablábamos al principio. Para algo habrá servido el confinamiento, digo yo. Si no ha servido para nada; podéis seguir con vuestras grises existencias, tragando carros y carretas, a la espera de la muerte, que, indefectiblemente, llegará a todos nosotros, más pronto que tarde, ahora que el asesino está detrás de la puerta. 

Vosotros decidís cuando os visitan los nietos, no vuestros hijos por mero interés 

Así la veíamos cuando nos enamoramos de ella hasta las cachas.

PS – Entiendo que gran parte de la sociedad está escasa de recursos económicos y sociales; siempre ha sido así, no podemos cambiar los esquemas arcaicos y religiosos, pero debemos intentar mejorar nuestras normas de convivencia y cambiar nuestro estilo de vida. 

Que aquello que comenzó en el amor sincero no finalice en la frustración y el odio

No es cierto que las familias estén 'traumatizadas' por no haber podido celebrar bautizos, comuniones y bodas; la epidemia les ha reportado grandes beneficios, el principal: que no tienen que 'gastar' unos dinerales por simple apariencia 'social', tienen la excusa perfecta e inapelable. Y acerca de la tristeza por no poder vivir el duelo que supone la muerte del padre o de la madre, 'aparcados' desde hace dos décadas en unas residencia geriátrica, les digo: ¡Menos lobos, Caperucita!

¡Els veils son la majestat del poble, cal respectarles!

Una anécdota; ocurrió en Olesa de Montserrat: el hijo acompañaba al padre por el sendero empinado que conducía al asilo (hoy residencia geriátrica con un montón de muertos por el Covid-19); a la vista de un banco de piedra, el gañán le dice al padre: ¡sentémonos un rato a descansar! el padre le responde: ¡es en ese banco donde nos sentamos tu abuelo y yo cuando lo traje al asilo!

Otra anécdota; esta es del 'Chincheta', ocurrió en Membrilla: dos divorciados sesentones acuerdan vivir juntos y compartir las respectivas pensiones; a la tercera vez que 'montó' a la hembra (el hijoputa del Chincheta es muy burrako hablando), la mujer le dijo: cada vez que te pongas encima me pagarás 70 €, aparte de los gastos comunes. Es muy reciente, de 2004 si no recuerdo mal.


Otra del mismo 'Chincheta'; paseaba por el campo de Manzanares para bajar el azúcar y se paró a la vera de una hoguera de rastrojos, de repente apareció un agricultor (no vio de donde salió) en plan agresivo y le dijo: ¡No querrá que queme los rastrojos en mi casa! el Chincheta le dijo que no era un 'inspector' rural; el hombre, más tranquilo, le cogió del brazo y le explicó: hace tres meses estaba mi amigo Tomás en el lecho de muerte y me mandó llamar (el Chincheta alucinando por un tubo), me acerqué a la cabecera de la cama y me dijo con voz temblorosa: ¡Es que estos años he estado follándome a tu mujer y me quedo más tranquilo si te lo digo, ya me queda poco! El Chincheta se temía lo peor y preguntó por el desenlace. El 'pirómano' respondió: ¡Volví a la casa, le metí cuatro ostias y la mandé con su hermana! ¡Coño! y como me aburro, vengo al campo a juntar rastrojos y los quemo. Al despedirse, el viejo añadió: Si es que son unas putas... ¡y como mi amigo le hacía regalos!

No nos engañemos: un poco 'putas' sí que son, motivos tendrán, digo yo, pero no estoy seguro