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| Ayuntamiento de Alovera |
Javier empezó a sentirse vulnerable a los señuelos de aquella sexualidad, desconocida para él, que sentía en grado de tremenda excitación; al tiempo sentía pudor por la explosión que intuía se llevaría a cabo entre aquellos labios que no conseguía besar viéndose obligado a hacerlo en la frente y sienes de su amada, que seguía chupando con fuerza aquel caño de vida, tal era su consideración. Se produjo la explosión, ni tan siquiera soñada, inesperada pero en el súmmum del deseo, en un instante pasó por su mente la idea de que aquello era un viaje a ninguna parte que no quería abandonar de ninguna de las maneras; el varón, su enamorado perfecto, llenos sus lacrimales, trataba de frenar, ya que no lo podría impedir, el llanto, que quedaba resumido en hipos y gemidos, abrazado a la joven casadera, a la que faltaban palabras para expresar lo que sentía. Entre los dos recuperaron todo el orden de aquella cama de nadie, y colocaron la colcha antes de organizar una escapada ordenada, en la esperanza de que nadie apareciera en aquel ala del edificio, aún temprano para la llegada de clientes, se despidieron con besos presurosos y llenos de deseo y miradas fugaces, como con cierto respeto y admiración mutuos.



















