MLFA
Hasta hace poco tiempo la expresión protocolo tenía un significado de formalidad, aplicable al "vestir" y al comportamiento exigible socialmente; todos recordamos aquella norma no escrita pero de aplicación y exigencia, como lo de la corbata para acceder a un restaurante de postín, o a una reunión empresarial, y al comportamiento y vestimenta de personajes de la política y de la realeza. Hoy ha cambiado el significado: ¡Usted es un idiota sin criterio y yo le digo cómo debe actuar en cada actividad!
El protocolo deviene en nuevas Tablas de Moisés: ¡Fulmina el criterio, la interacción y hasta la empatía!
Todo es impostado; la relación de la empleada poniendo "ojitos" al cliente, con dos sonrisas y trato afable impostado que, normalmente, se interpreta como Atención al Cliente; si bien el citado -que parece un idiota agradecido, pero no lo es- se despide enfurruñado al captar la dicotomía gestual que supone constatar que la sonrisa, falsamente empática, no se corresponde con el delator gesto ocular y pestañeo que nos está diciendo: ¡Anda y vete al carajo! o el tan manido ¡Que te den! Ella cumple con "el protocolo de actuación" impuesto por la empresa, que prohíbe taxativamente ser empático -nuevo palabro que se asemeja más a "antipático" que a "simpático". Todo resulta ser impostado, ese empleado/empleada de nueva generación se muestra solícito durante años con el cliente y le niega el saludo si se cruza con él en la calle: ¿Por qué tengo que mostrar afabilidad con este tío al que solo conozco de la tienda, o del banco, o de la oficina del desempleo? Y se dice a sí mismo/misma: ¡Yo cumplo el protocolo!
Lampedusa: ¡Que todo cambie para que nada cambie! Se trata de mantener intacta la vieja estructura social.
Hablo de mantener la estructura social pero el protocolo es algo más; ¡se trata de mantener intacto el Poder!






















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