MLFA
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| Esta exhibición se corresponde con una casta 'guerracivilista'; en España se luchó entre conciudadanos. En Europa 'guerreaban' contra el enemigo 'exterior'; aquí contra el 'interior' |
Aún a pesar de la espada de Damocles que ha colocado sobre nuestras cabezas el general-sanitario de la Guardia Civil, somos muchos los ciudadanos preocupados por la capacidad del presidente del Gobierno Pedro Sánchez para dirigir nuestro país. Abstracción aparte de los franquistas, cuyo número permanece estacionario (en ningún caso lograrían obtener más de 160 escaños en el Congreso de los Diputados, ni ahora ni nunca); lo cierto es que hemos venido ‘mutando’ - cual ‘horribilis’ virus - a lo largo de estas últimas semanas, en lo que respecta a nuestras opiniones y apreciaciones acerca del presidente del Gobierno. Hoy, 100 días después de aquel pleno de Investidura, (con el matrimonio Iglesias-Montero enjugándose las lágrimas, cual agraciados con el ‘gordo’ de la lotería de Navidad), algunos nos planteamos si el problema de Sánchez era de incapacidad o de incompetencia; que podría subsanarse con un buen equipo de asesores y de técnicos que se ocuparían de la labor de gobernar, controlando el variopinto equipo ministerial: el astronauta de ojos saltones como de susto; la millonaria de Neguri; la andaluza del parloteo, de la que se dice que es médico, a pesar de que dice ‘conceto’; el juez salido del armario que le hace al PP y al PSOE, es sabido que los ‘diferentes’ son promiscuos (en política diríamos ‘infieles’ o ‘desleales’, en cuanto se tercie) y los ‘otros’ (de Amenábar). Como decía; 100 días después, hablamos ya de ‘irresponsabilidad’ (ojo, que también planteamos una posible 'negligencia'), y es que solo se puede tildar de ‘irresponsable’ lo sucedido con el desconfinamiento de los niños. El funcionario más lerdo de la Administración española sabía que aquello era una irresponsabilidad de juzgado de guardia; imagino que no daban crédito a la medida tomada desde el Gobierno. Y todos a callar: ¡Que viene la ultra derecha! Aquello tan clásico: ¡Caer de la sartén al fuego!
Técnicos que controlarían, con mano de hierro en guante de seda, a los Iglesias-Montero























