MLFA
Que los testigos mientan es la norma en el proceso penal español; también en el civil, pero debo centrarme en el ‘penal’ por razón de consecuencias tan importantes como pueden suponer las penas de privación de libertad. Se miente a discreción en los estrados (el concepto ‘estrado’ es diferente en el derecho anglosajón); los jueces lo saben, son vagos pero no tontos, y lo peor de todo es que también saben que son los propios abogados (sus colaboradores necesarios en la farsa judicial) quienes ‘preparan’ a los testigos para que mientan con el máximo de ‘credibilidad’ que les sea posible. Esto es sabido por todos los protagonistas del proceso (las ‘partes’, que diríamos) y a nadie parece interesarle reconducir la situación hacia terrenos de exigencia de veracidad en las deposiciones (más bien ‘cagadas’ de la mayoría de testigos en los procedimientos judiciales en España). El mejor ejemplo lo tuvimos en el juicio al ‘Procés’ celebrado en el Tribunal Supremo; todos los testigos de la fiscalía iban ‘preparados’, tan bien preparados que ‘abochornaron’ al propio alto tribunal. También en los procesos penales que me afectan desde 2013, de los que hablaremos a continuación (en referencia a testigos y abogados a quienes forzamos la renuncia). De los testigos ya nos ocupamos en su momento; sus nombres y mentiras se han publicado en los correos. La 'mentira' forma parte de la cultura 'católica'; ello se debe a la facilidad que otorga el 'perdón' del sacerdote; este miente habitualmente, también fornica, lo cual no sería grave... si no lo hiciera con niños; el hombre 'consagrado' sabe que él también será perdonado. En la cultura 'protestante', el mentiroso es 'repudiado' por la sociedad, y en sede judicial es 'sancionado' con pena de cárcel.
Mienten los testigos propuestos por la acusación, la defensa y hasta los de la fiscalía






















