MLFA - Editor del Grupo Digital "Azuer" (2013). Director de la revista "Agricolae" (2012-2013).
El Kiosko de Eladio en la calle principal de La Encomienda de La Mancha.
Unos días después de la fiesta de la revista "Agricolae" me había olvidado de la gente que conocí entre trago y trago para degustar la tortilla de patata y el queso de aquella cena; fue por la tarde cuando recibí una llamada telefónica de un tal Eladio, el kioskero, me invitaba a una reunión con los redactores y colaboradores de la revista de los curas; accedí por curiosidad, Eladio hizo las presentaciones, y enseguida se ocupó de mí aquella mujer "divorciada" que se mostró solícita conmigo mediada la fiesta. Estábamos en Febrero de 2012, si bien aquello parecía una reunión de catequistas en un local desvencijado de los años 60 del siglo XX... recuerdo que hacía un frío del carajo y que las tres mujeres iban "refajadas", una de ellas tenía más capas de ropa que una cebolla redonda, se llamaba Manoli, si bien era conocida como "ballenato", superaba de largo los 100 kilos. Era la Jefa de la beatería de La Encomienda.
Un inciso; años después colapsó el techo de aquel vetusto local destrozando muebles y equipos informáticos, se produjo de madrugada y ello evitó víctimas de suma gravedad, podría decirse que fue un castigo de la Divina Providencia hacia aquellas malas gentes, eso sí: ¡Sin sangre, a Dios gracias! (no quiero que se me olvide aquel episodio).
El director de la revista era el Jefe de la Beatería de La Encomienda; ingeniero de profesión había emigrado a Castellón, ciudad en la que trabajó dos décadas, de vuelta a La Encomienda se convirtió en adalid de los "beatos" del pueblo, y mantuvo relaciones fraternales con la gente del obispado de la capital y del propio Obispo, que era a su vez el Prior de las Órdenes Militares de Calatrava, Santiago y Montesa, vamos que solo le faltaba una espada tizona colgada al costado; fueron aquellos curas los que lo "colocaron" en la revista, de la que llegó a ser director, era melifluo y redactaba los editoriales; no lo hacía mal, se notaba su paso por la Facultad de Ingeniería, en aquella redacción era el tuerto en el país de los ciegos, ladino y, al tiempo, contemporizador. Había montado una empresa de Ingeniería aprovechando sus contactos con el clero manchego, en una región deprimida y cuyos habitantes seguían equiparando el poder civil y empresarial con el eclesiástico; curiosamente no contaban con el poder militar -representado por la Benemérita- más atenta a la protección de los vecinos y de sus escasos bienes que a bailarle el agua a los escasos terratenientes de la cebada y del melón y al estamento clerical y sus corifeos, uno de los más representativos era el director de la revista "Agricolae"; añado que la empresa que montó a su vuelta de Levante se benefició de la "Burbuja de 2001 a 2005" y luego desapareció. Se mostró solícito conmigo, si bien no me inspiró confianza desde el primer momento.
Entre los redactores y colaboradores había de todo, como en botica. Un aparejador tocado con gorra castellana, (la misma que utilizaban los etarras que buscaron refugio en La Mancha para pasar desapercibidos), era una especie de "nacionalista manchego" que defendía la tesis de que la revista debía circunscribirse al ámbito de La Mancha, aunque en CLM, España, Europa y resto del mundo ocurrieran catástrofes con miles de muertos (Haití con 250.000 muertos) y/o acontecimientos políticos y hasta religiosos de especial trascendencia, el tipo y su apestosa gorra estaba más atento al melonar y a las disputas entre vecinos por invasión de áreas y acerados comunes. Él se ocupaba de que no se publicaran historias horribles, controladas, en la medida de lo posible, por la Guardia Civil: Violencia de Género, violencia vicaria, secuestros, asesinatos, suicidios y enfrentamientos armados con la Policía Municipal, todo un clásico de la España Profunda. ¡La Encomienda era un Puerto Hurraco a lo bestia! Durante años un alcalde otorgaba empleos a cambio de sexo en las raídas alfombras de su vetusto despacho, las pobres desgraciadas sollozaban -de forma callada- con el cuerpo desnudo infestado de ácaros, mientras el primer edil, socialista, las penetraba; solía ocurrir de madrugada, hasta que fue pillado "in fraganti" por policías municipales. La revista nunca informó de aquellas atrocidades.
Formaba parte de la redacción un tipejo -genotipo de inspector de la BPS franquista- que fue detenido por amenazar a vecinos desde cabinas telefónicas; participaba del movimiento cultural -muy exiguo- ora como músico, ora como actor de teatro, y cualquier otra actividad; si bien la presencia del sujeto era breve; lo expulsaban de todas esas agrupaciones.
El resto de redactores y colaboradores, hasta un total de 13, eran vecinos sin formación, su aportación era del tipo "chismografía", y, a veces debatían sobre el precio de la cebada y del melón, sobre todo la variedad conocida como "Piel de Sapo", nombre ocurrente donde los haya y que provocaba miedo en los niños, que, obviamente, no probaban el melón, se decantaban por la sandía, por su brillo exterior y su dulce rojez interior.
Por encima de la redacción; en calidad de cúpula directiva se encontraban los párrocos, y por encima de estos el Obispo. Si bien llamó mi atención la presencia "intelectual" de un vecino de La Encomienda que residía en otro pueblo por razón de trabajo; era quien dirigía la revista a través de la famosa "divorciada" que me tiraba los tejos (expresión coloquial) cuyo rostro recordaba la piel de sapo de los melones, se trataba de un directivo bancario que, con ayuda de sicarios, "intimidaba" a aquellos agricultores "morosos", pobres gentes que no hacían frente a las deudas contraídas con bancos y cajas de ahorro; los sicarios los amenazaban en presencia de su familia. A este hijo de puta "meapilas" lo expulsé cuando me hice cargo de la dirección de la revista, en Julio de 2012, tras "amenazarlo" a mi manera, sin necesidad de sicarios.
Resulta que este tipo controlaba "a distancia" a la redacción de la revista ,y llegó a colocar de directora a la "divorciada"; el mal nacido redactaba los editoriales y el artículo de fondo mensual del director, que firmaba la susodicha. Años después, expulsado de su empleo en el banco, fue apalizado por un grupo de jóvenes agricultores y devuelto a La Encomienda. Era un martillo de herejes para los socialistas de la provincia; en Julio de 2012 fuí postulado para dirigir la revista, elegido por unanimidad de redactores y colaboradores.
