MLFA - Director de la revista "Agricolae". Julio de 2012. La Encomienda de La Mancha.
El día 2 de Julio de 2012 MLFA fue elegido Director de la revista "Agricolae" por aclamación de redactores y colaboradores.
El éxito que está obteniendo "Macroproceso 1327" es clamoroso, pero no damos abasto por problemas de salud.
El tipejo era de La Encomienda, pero estaba destinado en el Ayuntamiento de Quintanar; estaba obsesionado con el control de "Agricolae", y lo llevaba a cabo por medio de control remoto, utilizando como infiltrada a la fulana que me tiraba los tejos. Me fue presentado por ella un sábado por la tarde en pleno verano; en tono displicente me anunció que contara con su ayuda, sin que yo se lo pidiera. Añadió, en tono desvaído, que se encargaría de redactar los editoriales; recuerdo su nombre, Fulgencio, es lo único que recuerdo del tipejo aquél, me levanté de la mesa y preparé un comunicado en el cual solicitaba del Consejo de Redacción la expulsión con efectos inmediatos del sujeto, el cual, sin yo saberlo, estaba adscrito a la propia Redacción, y mantenía relaciones íntimas con la adúltera ya nombrada en anteriores sueltos.
Como ya he comentado anteriormente la guerra entre diocesanos y opusdeistas era a muerte, el perro este -en La Mancha "perro" es un insulto grave- oficiaba de valedor de los "diocesanos", me refiero al "Exiliado" en Quintanar, hombre siniestro, embaucador, cuyo único objetivo -pobre infeliz- era arrebatar la revista a la iglesia católica; misión imposible, ya que había sido creada por un grupo de frailes, muy preparados intelectualmente, a partir del Concilio Vaticano II (1965), que renovó la Iglesia y la adaptó al mundo moderno.
El "perro", funcionario de bajo relieve, lenguaraz, no podía alcanzar su objetivo, fui yo, quien lo abatió.
Para apartar al fulano de la revista conté con la ayuda del director al que sustituí en Julio de 2012; si bien es cierto que el exiliado consiguió el apoyo de los "diocesanos", que constituían una milicia al frente de la cual se posicionaba el mismísimo obispo de Ciudad Real; este profesaba un odio muy cordial a los miembros de la Prelatura del Opus Dei. Volviendo al tal Fulgencio, decían las malas lenguas que durante su paso por la Docencia había tenido algún "asunto" con niñas; curiosamente, fue la iglesia a la que aspiraba a "expulsar" de la revista, la que tapó las "vergüenzas" del individuo, al tratarse de un colegio privado dirigido por monjas y propiedad del Obispado.
En Octubre dimitió la mitad de la plantilla de Redacción y ordené la suspensión de la publicación; trajo consecuencias.
El presidente de la publicación, a la sazón el párroco del Opus Dei, fue cesado por el Obispo; servidor fue suspendido de forma temporal; a los redactores dimitidos se les aceptó la dimisión; el jefe de la beatería, mi predecesor en la Dirección, volvió a hacerse cargo del control de la revista, y pudieron reanudar la publicación en Diciembre; el beato demostró no tener dignidad y en 2013 me ví obligado a acudir al Vaticano, en Sede Vacante por la dimisión de Benedicto XVI, de ello hablaremos en el próximo capítulo.
